La integración en una parte clave en el tratamiento de las personas con habilidades diferentes en los centros de San Juan de Dios que visitamos en Corea. Como dice Brother John Conway, dicha integración empieza por la propia terminología, ya no se habla de pacientes sino de “guests” (huéspedes) o “clients”. Los centros diseñan programas de capacitación con el fin de motivar a los clientes a realizar un trabajo por el que son remunerados. En este momento en el Chuncheon Welfare Center se realizan bolsas para la marca deportiva Feltics y se ensamblan fusibles para Hyundai.

En el Seoul Evergreen Center se realizan estuches de Hello Kitty y se embalan cientos de rotuladores exportados a Perú. Aquí, las madres de los clientes más jóvenes ayudan en la tarea. La música de la radio suena mientras las cajas de cartón vuelan a un ritmo desenfrenado sobre las pilas de rotuladores. Otros 20 clientes con esquizofrenia han salido a trabajar a un supermercado cercano; como dice Brother John, la integración es un proceso gradual que pasa por distintos programas hasta poder incorporarse al mercado laboral. Solo con una continua supervisión se evita que los clientes abandonen la medicación y empiecen desde cero, el denominado “síndrome de la puerta giratoria”.

Nos han sorprendido especialmente los proyectos que los Hermanos desarrollan en sus centros de Gwanjou y en Seúl. Integrada en el edificio del Hospital General de Gwangju se encuentra una cafetería de la franquicia Kenya Express, muy conocida aquí. La marca ha cedido gratuitamente al Hospital el uso de la marca, y el personal está compuesto clientes con discapacidad intelectual supervisados por el vietnamita Brother James.

En el caso de Seúl, Brother Andrew Lee ha concebido desde cero una cafetería “Granada Café”, que sería la envidia de cualquier Starbucks. Se nota su afición por el diseño gráfico, todo está cuidado al detalle. Los huéspedes del Seoul Evergreen Center muelen el grano y atienden a los clientes. Las galletas que acompañan el café vienen de un centro de dispacitados del otro lado del río Han que divide Seúl. De la caja se ocupa An Jong Nam, y de las mesas Gil Jin Hee, más extrovertida. En la foto se nos ve con Chu Jong Cheon, de 25 años; se iba corriendo a nadar con su padre, piloto de Korean Airlines.

A ver si volvemos pronto porque en “Granada Café” cada diez cafés te regalan uno…o si no, lo pedimos por internet. 🙂